
09 Sep Autoexigencia: ¿El enemigo invisible del autocuidado?
En un mundo que nos empuja constantemente a ser la mejor versión de nosotros mismos, la autoexigencia se disfraza de virtud. La vemos en el gimnasio, en la mesa de trabajo, en nuestras relaciones personales. Nos decimos que es la disciplina la que nos impulsa, cuando en realidad, a menudo, es una jaula dorada que nos roba el bienestar.
Desde mi perspectiva como psicólogo en Oviedo, este es un tema recurrente. Muchas personas acuden a terapia sintiéndose agotadas, no por lo que hacen, sino por la presión con la que lo hacen.
La paradoja de la exigencia

Lo que comienza como un acto de cuidado (hacer ejercicio) puede convertirse en una rígida obligación. El cuerpo y la mente, que en esencia buscan equilibrio, se ven sometidos a una rigidez que los asfixia. La autoexigencia nos impide escuchar lo que realmente necesitamos en el momento presente.
Desde la psicología humanista, entendemos que la salud no es una meta, sino un proceso. Y en ese proceso, la flexibilidad y la compasión hacia uno mismo son tan vitales como el ejercicio o una dieta saludable. La verdadera fuerza no reside en la rigidez, sino en la capacidad de adaptarnos, de reconocer nuestros límites y de ser amables con nosotros mismos cuando las cosas no salen como planeamos.
La fina línea entre la autoexigencia y el autocuidado
En un contexto tan de resultados e imperativos, pareciera que el descanso y el autocuidado también tiene que ser productivo.
Es de esta manera como no siempre es fácil saber donde acaba una cosa y empieza la otra, ya que el entorno que nos rodea no nos ayuda a hacer esa distinción internamente.
Al igual que hay cosas que se llaman salud y son estética, también las hay que se llaman autocuidado y no es más que exigencia camuflada. No somos inmunes al lugar donde vivimos.
Terapia gestalt y el camino hacia la aceptación

El enfoque de la terapia gestalt nos enseña que el camino hacia el bienestar comienza con el «darse cuenta». Es el momento en que nos volvemos conscientes de la tensión entre lo que «deberíamos» hacer y lo que realmente sentimos. Esa breve pausa para reflexionar, es el primer paso para romper el ciclo de la autoexigencia.
Si te sientes atrapado en esta trampa, si la presión por ser perfecto te está robando la paz, te invito a buscar un espacio seguro para explorar estas dinámicas.
Aceptar que la autoexigencia no es tu aliada y que el verdadero autocuidado es un acto de amor, no una obligación, es un viaje transformador. Y como psicólogo en Oviedo, estoy aquí para acompañarte en ese camino.