Psicólogo en Asturias

Rafa Pérez

Psicólogo general sanitario

Amplia experiencia en ansiedad, depresión, estrés y problemas de autoestima.

Número de colegiado: O-03613
Nº de Registro Sanitario C.2.2/7230

¿Te acompaño?

¿QUÉ DICEN DE MI?

Mi forma de trabajar

En la actualidad mi forma de trabajar está dentro de los modelos contextuales pertenecientes a las terapias de tercera generación, en especial la terapia centrada en la compasión (CFT), la terapia de aceptación y compromiso (ACT) y enfoques inspirados en la meditación y el mindfulness.

 

Lejos de protocolos rígidos, atiendo a cada persona de manera completamente individualizada, adaptando la mirada a las circunstancias particulares de cada quién.

 

Tengo un acogedor despacho en el centro de Oviedo y también atiendo en formato online.

¿Quién soy?

Soy psicólogo sanitario, madrileño de nacimiento, pero ya asturiano de adopción.

 

Hay un tópico que dice que quien estudia psicología lo hace para intentar curar sus propias heridas. En mi caso, fue totalmente cierto.

 

Desde muy crío fui consciente de la realidad del sufrimiento, primero del mío y luego del ajeno. Por eso tuve claro que quería ser psicólogo. Pero cuando llegué a la universidad, me encontré con algo frío que no conectaba conmigo. Me decepcioné tanto que dejé la carrera y me fui a estudiar Trabajo Social.

 

Estuve años trabajando en lo social, hasta que a los 27 años entré en una crisis tan profunda que tuve que pedir ayuda. Empecé a ir a terapia… y me cambió la vida. Fue un espacio maravilloso para atreverme a explorar territorios desconocidos. Esa experiencia, aún con mis miedos y mis vergüenzas, me hizo reconciliarme con la psicología.

 

Decidí retomar la carrera y desde entonces no he dejado de formarme ya que por suerte, la psicoterapia es algo que me sigue fascinando. Hoy en día mi forma de trabajar integra todo ese camino.

 

En mi trabajo me apoyo mucho en la conciencia del momento presente. Y creo que tres de los ingredientes que nos ayudan a tener una vida más plena tienen que ver con la aceptación, la capacidad de flexibilizarnos y la capacidad de tratarnos con más respeto y compasión.

 

Y todo esto, por suerte, puede aprenderse.

 

Pero si hay algo que define mi mirada en terapia es que no trabajo con etiquetas ni diagnósticos; sino con seres humanos que sufren. Me niego a etiquetar de trastornos lo que tiene que ver con el sufrimiento humano, que es una experiencia universal compartida.

 

Lo que nos pasa no ocurre en el vacío, sino en un contexto y una historia que hay que entender. Hacemos en cada momento lo que podemos con lo que tenemos y a veces necesitamos que alguien nos guíe para aprender otras formas.

 

Así que, si estás pasando por un momento difícil y buscas un espacio seguro para explorarlo, por aquí me tienes.

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¿Quién soy?

Soy psicólogo sanitario, madrileño de nacimiento, pero ya asturiano de adopción.

 

Hay un tópico que dice que quien estudia psicología lo hace para intentar curar sus propias heridas. En mi caso, fue totalmente cierto.

 

Desde muy crío fui consciente de la realidad del sufrimiento, primero del mío y luego del ajeno. Por eso tuve claro que quería ser psicólogo. Pero cuando llegué a la universidad, me encontré con algo frío que no conectaba conmigo. Me decepcioné tanto que dejé la carrera y me fui a estudiar Trabajo Social.

 

Estuve años trabajando en lo social, hasta que a los 27 años entré en una crisis tan profunda que tuve que pedir ayuda. Empecé a ir a terapia… y me cambió la vida. Fue un espacio maravilloso para atreverme a explorar territorios desconocidos. Esa experiencia, aún con mis miedos y mis vergüenzas, me hizo reconciliarme con la psicología.

 

Decidí retomar la carrera y desde entonces no he dejado de formarme ya que por suerte, la psicoterapia es algo que me sigue fascinando. Hoy en día mi forma de trabajar integra todo ese camino.

 

En mi trabajo me apoyo mucho en la conciencia del momento presente. Y creo que tres de los ingredientes que nos ayudan a tener una vida más plena tienen que ver con la aceptación, la capacidad de flexibilizarnos y la capacidad de tratarnos con más respeto y compasión.

 

Y todo esto, por suerte, puede aprenderse.

 

Pero si hay algo que define mi mirada en terapia es que no trabajo con etiquetas ni diagnósticos; sino con seres humanos que sufren. Me niego a etiquetar de trastornos lo que tiene que ver con el sufrimiento humano, que es una experiencia universal compartida.

 

Lo que nos pasa no ocurre en el vacío, sino en un contexto y una historia que hay que entender. Hacemos en cada momento lo que podemos con lo que tenemos y a veces necesitamos que alguien nos guíe para aprender otras formas.

 

Así que, si estás pasando por un momento difícil y buscas un espacio seguro para explorarlo, por aquí me tienes.

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